jueves, 26 de junio de 2014



El 6 de agosto de 1945, una bomba atómica estallaba en la ciudad japonesa de Hiroshima, y mataba en el acto a ciento veinte mil personas, doscientos cincuenta mil murieron más tarde, por efecto de la radiación.
El 25 de septiembre de 2010, el acelerador de partículas del ECND situado en el subsuelo de la ciudad Suiza de Ginebra, sufrió un accidente y mató a seis mil ochocientos cuarenta millones de personas. Solo un puñado de seres humanos sobrevivieron al apocalipsis.
Dicen que el amor es una trampa de la naturaleza, concebida para perpetuar la especie. Puede que sea así, pero para mí el amor es lo que me ayuda a conjugar latidos, a conjugar bocanadas de aliento. El amor es más poderoso que cualquier cosa. Porque no hay bomba atómica ni acelerador de partículas que pueda destruirlo, ni cuatro disparos en el pecho, ni una mentira piadosa.