sábado, 21 de junio de 2014

Debo admitir que vivo como una reina. Tengo un techo en donde holgazanear, una cama para dormir y para hacer el amor, un piso para arrodillarme y rezarle a dios, una mesa con sillas para comer como si nunca hubiera comido, una ducha para hacerme baños de inmersión cuando se me de la gana, toda la tecnología habida y por haber, auto para no cansarme caminando, plata para darme lujos, ropa para los siete días de la semana, calefacción para sentirme en verano todo el año y luz para iluminarme. Soy tan afortunada. Algunos no tienen  nada de eso y yo encima me doy el lujo de quejarme. A veces necesitamos conocer el otro lado para valorar lo bueno y sensibilizarnos un poco. Pero tenemos tanto que no conocemos la felicidad ni el precio de tenerla. Si implicara tener menos para ser feliz juro que lo entregaría todo. Perdón por mis caprichos, es culpa de mi ignorancia. Me gustaría ver un poco todo lo que hay al rededor de mi. Pensar y concientizarme que todo puede ser peor.